Dejo Poorpooland.
Todo esto comenzó, posiblemente, ayer por la tarde, 20:00h, con James Stewart y John Wayne, mientras veía ¿Quién mató a Liberty Valance? (Nota Poorpooland --> 9/10), de John Ford, y me entraban ganas de tomar café. Me tomé una cafetera entera mientras decidía que al día siguiente, hoy por la mañana, iría a Sevilla a ver las notas que mis puñeteros profesores no saben o no quieren poner en internet.
Con todo esto, daba el último buche de cafeina y ponía la alarma en el móvil a las 05:50 para que me diera tiempo a ducharme y coger el autobús de las 07:00. Cené tardísimo, casi a las 00:00, porque me entretuve más de la cuenta con la guitarra, por fin era capaz de entrelazar dos frases y no podía dejarlo.
Después de cenar seguí con la seiscuerdas, leí un poco y total, hasta la 01:30 no me metí en la cama con los ojos como platos y demasiado despejado. Tenía calor por todo el cuerpo y los pies helados. Me dormí. Diez minutos después un mosquito me pasó seis veces por la oreja a pesar de mis intentos de asesinarlo y reventarlo contra mi mejilla. No hubo éxito y me tuve que exiliar al salón con una mezcla de pena, nerviosismo y furia asesina.
En el salón me acomodé (y esta vez me costó) y decidí dormir, me obligué a dormir, me amenacé para hacerlo, pero no había manera. El reloj me decía que eran las 02:45 y apenas tres horas me quedaban para descansar antes del viajecito; mi mente volaba de un lado para otro. Al final, claro está, me fui quedando amodorrado (que no amorriñado) y entonces los pilotitos de la tele, el DVD, el cacharro de ONO y la minicadena, brillando y parpadeando en la más absoluta oscuridad, mandaron una imagen clarísima a mi cabeza.
Media hora después dándole vueltas, esa idea había adoptado la forma de algo bastante interesante. Finalmente y a mi pesar, me quedé dormido pensando en levantarme para ir a apuntarlo todo, no lo hice y, gracias a Dios, cuando dos horas después sonó el móvil, no se me había olvidado nada. Me duché y llegué bien de tiempo para comprar el billete, tomarme otro café (con bollicao casi congelao) y coger el bus.
En el autobús, dos capullos hablando lo suficientemente alto para derrumbar mi intento de dormir me impidieron descansar, por lo que amaneció por la ventana de la derecha y fue precioso, pero llegué al Prado como un zombie, un poco más intranquilo quizá, y el C1 tardó en llegar. Todo iba mal, y yo cada vez estaba más acojonado.
La cuestión es que de repente estoy de nuevo en el autobús de vuelta a Cádiz, son las 11:00, estoy mucho más tranquilo y poco a poco me voy dando cuenta de que el disco nuevo de los Arctic Monkeys es una broma de mal gusto: las cuatro primeras canciones son bastante buenas, las seis restantes, una pura mierda con exceso de letra.
Pensando en hacer un artículo cuando llegase a casa, me di cuenta de que no me apetecía. Hay películas miles de las que podría hablar, miles de discos, así como libros e historias sobre lo que fuera, pero no me apetecía. Por un momento lo olvidé, pero entonces caí en la cuenta de que ya era hora de darle un descanso al blog, de abandonar Poorpooland por un tiempo.
Empieza un curso nuevo al que debo dedicarme en cuerpo y alma (por el bien mío y de la cartera de mi mamá), tengo miles de cosas que escribir, empiezan los ensayos con el grupo y el trabajo se empieza a amontonar, debería sacarme el carnet de conducir (uy, uy, uy), y no puede pasar de este año que escriba y grabe ya de una vez un corto en condiciones, o algo así.
Por eso, porque creo que esto ya no va a nada más que a repetirse, a hacer las mismas entradas (que casi las hago en plantillas prefabricadas) y porque no me reporta la misma diversión que antes, dejo Poorpooland temporalmente (sí, lo del principio de la entrada fue un cliffhanger que habrá funcionado si has leído hasta aquí, jojojojo).
He de hacer muchas cosas y cambiar yo mismo un poco (o algo más incluso) antes de retomar Poorpooland, por lo que creo que lo más seguro es que vuelva en cualquier momento del año que viene. Una opción era dejar el blog en coma (como hacen muchos) hasta que tuviese ganas de escribir de nuevo, pero eso no me gusta nada.
Así, me despido desde aquí de aquellos pocos que me siguen, podríamos decir que casi con fidelidad, hasta nuevo aviso. Esto no significa que vaya a dejar de comentar en los otros blogs, ni mucho menos, ni que vaya a dejar de responder a comentarios ni nada, solo voy a dejar de escribir entradas. El blog en sí seguirá abierto por supuesto.
Una vez más, gracias a V. Woolf, Kenneth (a.k.a. Tilacino, Anónimo K.), Jabawaka (a.k.a. yo, ¿quien si no?), David Saltares, Em-Rock, SSM, Hempfreud y a Jandro Seisdedos (allá donde estés) por comentar casi siempre y leer de vez en cuando.
Jose R. Ruiz
Todo esto comenzó, posiblemente, ayer por la tarde, 20:00h, con James Stewart y John Wayne, mientras veía ¿Quién mató a Liberty Valance? (Nota Poorpooland --> 9/10), de John Ford, y me entraban ganas de tomar café. Me tomé una cafetera entera mientras decidía que al día siguiente, hoy por la mañana, iría a Sevilla a ver las notas que mis puñeteros profesores no saben o no quieren poner en internet.
Con todo esto, daba el último buche de cafeina y ponía la alarma en el móvil a las 05:50 para que me diera tiempo a ducharme y coger el autobús de las 07:00. Cené tardísimo, casi a las 00:00, porque me entretuve más de la cuenta con la guitarra, por fin era capaz de entrelazar dos frases y no podía dejarlo.
Después de cenar seguí con la seiscuerdas, leí un poco y total, hasta la 01:30 no me metí en la cama con los ojos como platos y demasiado despejado. Tenía calor por todo el cuerpo y los pies helados. Me dormí. Diez minutos después un mosquito me pasó seis veces por la oreja a pesar de mis intentos de asesinarlo y reventarlo contra mi mejilla. No hubo éxito y me tuve que exiliar al salón con una mezcla de pena, nerviosismo y furia asesina.
En el salón me acomodé (y esta vez me costó) y decidí dormir, me obligué a dormir, me amenacé para hacerlo, pero no había manera. El reloj me decía que eran las 02:45 y apenas tres horas me quedaban para descansar antes del viajecito; mi mente volaba de un lado para otro. Al final, claro está, me fui quedando amodorrado (que no amorriñado) y entonces los pilotitos de la tele, el DVD, el cacharro de ONO y la minicadena, brillando y parpadeando en la más absoluta oscuridad, mandaron una imagen clarísima a mi cabeza.
Media hora después dándole vueltas, esa idea había adoptado la forma de algo bastante interesante. Finalmente y a mi pesar, me quedé dormido pensando en levantarme para ir a apuntarlo todo, no lo hice y, gracias a Dios, cuando dos horas después sonó el móvil, no se me había olvidado nada. Me duché y llegué bien de tiempo para comprar el billete, tomarme otro café (con bollicao casi congelao) y coger el bus.
En el autobús, dos capullos hablando lo suficientemente alto para derrumbar mi intento de dormir me impidieron descansar, por lo que amaneció por la ventana de la derecha y fue precioso, pero llegué al Prado como un zombie, un poco más intranquilo quizá, y el C1 tardó en llegar. Todo iba mal, y yo cada vez estaba más acojonado.
La cuestión es que de repente estoy de nuevo en el autobús de vuelta a Cádiz, son las 11:00, estoy mucho más tranquilo y poco a poco me voy dando cuenta de que el disco nuevo de los Arctic Monkeys es una broma de mal gusto: las cuatro primeras canciones son bastante buenas, las seis restantes, una pura mierda con exceso de letra.
Pensando en hacer un artículo cuando llegase a casa, me di cuenta de que no me apetecía. Hay películas miles de las que podría hablar, miles de discos, así como libros e historias sobre lo que fuera, pero no me apetecía. Por un momento lo olvidé, pero entonces caí en la cuenta de que ya era hora de darle un descanso al blog, de abandonar Poorpooland por un tiempo.
Empieza un curso nuevo al que debo dedicarme en cuerpo y alma (por el bien mío y de la cartera de mi mamá), tengo miles de cosas que escribir, empiezan los ensayos con el grupo y el trabajo se empieza a amontonar, debería sacarme el carnet de conducir (uy, uy, uy), y no puede pasar de este año que escriba y grabe ya de una vez un corto en condiciones, o algo así.
Por eso, porque creo que esto ya no va a nada más que a repetirse, a hacer las mismas entradas (que casi las hago en plantillas prefabricadas) y porque no me reporta la misma diversión que antes, dejo Poorpooland temporalmente (sí, lo del principio de la entrada fue un cliffhanger que habrá funcionado si has leído hasta aquí, jojojojo).
He de hacer muchas cosas y cambiar yo mismo un poco (o algo más incluso) antes de retomar Poorpooland, por lo que creo que lo más seguro es que vuelva en cualquier momento del año que viene. Una opción era dejar el blog en coma (como hacen muchos) hasta que tuviese ganas de escribir de nuevo, pero eso no me gusta nada.
Así, me despido desde aquí de aquellos pocos que me siguen, podríamos decir que casi con fidelidad, hasta nuevo aviso. Esto no significa que vaya a dejar de comentar en los otros blogs, ni mucho menos, ni que vaya a dejar de responder a comentarios ni nada, solo voy a dejar de escribir entradas. El blog en sí seguirá abierto por supuesto.
Una vez más, gracias a V. Woolf, Kenneth (a.k.a. Tilacino, Anónimo K.), Jabawaka (a.k.a. yo, ¿quien si no?), David Saltares, Em-Rock, SSM, Hempfreud y a Jandro Seisdedos (allá donde estés) por comentar casi siempre y leer de vez en cuando.
Jose R. Ruiz





